Cómo Lázaro Se Hizo Guía De Un Ciego
[Lázaro ha recibido un fuerte golpe de su nuevo amo, y Lázaro se dice: "Estoy solo"]
Comenzamos nuestro camino, y en muy pocos días me mostró jerigonza. Y, como me viese de buen ingenio, holgábase mucho y decía:
-Yo oro ni plata no te lo puedo dar; mas avisos para vivir muchos te mostraré.
Y fue así, que, después de Dios, éste me dio la vida, y, siendo ciego, me alumbró y adestró en la carrera de vivir.
Huelgo de contar a Vuestra Merced estas niñerías, para mostrar cuánta virtud sea saber los hombres subir siendo bajos, y dejarse bajar siendo altos cuánto vicio.
Un rostro humilde y devoto
Pues, tornando al bueno de mi ciego y contando sus cosas, Vuestra Merced sepa que, desde que Dios crió el mundo, ninguno formó más astuto ni sagaz. En su oficio era un águila: ciento y tantas oraciones sabía de coro; un tono bajo, reposado y muy sonable, que hacía resonar la iglesia donde rezaba; un rostro humilde y devoto, que, con muy buen continente, ponía cuando rezaba, sin hacer gestos ni visajes con boca ni ojos, como otros suelen hacer.
Allende de esto, tenía otras mil formas y maneras para sacar el dinero. Decía saber oraciones para muchos y diversos efectos: para mujeres que no parían; para las que estaban de parto; para las que eran malcasadas, que sus maridos las quisiesen bien. Echaba pronósticos a las preñadas si traían hijo o hija. Pues en caso de medicina decía que Galeno no supo la mitad que él para muelas, desmayos, males de madre. Finalmente, nadie le decía padecer alguna pasión, que luego no le decía:
-Haced esto, haréis esto otro, coced tal yerba, tomad tal raíz.

Galeno

Médico de varios emperadores romanos, de origen griego. Galeno fue el más destacado de los médicos de la antigüedad. Su principal interés fue el estudio de la anatomía humana, para lo que realizaba disecciones de animales, principalmente primates y cerdos, describío todos sus descubrimientos en anatomía y sus grandes avances en cirugía.
Pensaba que muchas enfermedades eran transmitídas por los "miasmas", gases malolientes que emiten las basuras y el agua residual, por lo que prescribía mucha limipieza. Esa fue la teoría imperante hasta que en 1850 Pasteur y Koch demostraron que las enfermedades se contagian por microbios: por picaduras de insecto, por contacto directo, por estornudos o tos...
Su mayor error fue que creía, tal como había propuesto Hipócrates 600 años antes, que la salud dependía del equilibrio entre cuatros fluidos dentro del cuerpo: bilis amarilla, bilis negra, sangre y mocos. Por eso usaba como remedio las sangrías, que consistían en extraer sangre del paciente.
La teoría de los humores, que es errónea, y las sangrías, que no tienen ningún valor terapéutico y son peligrosas para el paciente, ¡dominaron la medicina durante 2.000 años!
Con esto andábase todo el mundo tras él, especialmente mujeres, que cuanto les decía creían. De éstas sacaba él grandes provechos con las artes que digo, y ganaba más en un mes que cien ciegos en un año.
Mas también quiero que sepa Vuestra Merced que, con todo lo que adquiría y tenía, jamás tan avariento ni mezquino hombre no vi; tanto, que me mataba a mí de hambre, y así no me demediaba de lo necesario. Digo verdad: si con mi sutileza y buenas mañas no me supiera remediar, muchas veces me finara de hambre; mas, con todo su saber y aviso, le contraminaba de tal suerte que siempre, o las más veces, me cabía lo más y mejor. Para esto le hacía burlas endiabladas, de las cuales contaré algunas, aunque no todas a mi salvo.
Él traía el pan y todas las otras cosas en un fardel de lienzo, que por la boca se cerraba con una argolla de hierro y su candado y llave; y al meter de todas las cosas y sacarlas, era con tanta vigilancia y tan por contadero, que no bastara todo el mundo a hacerle menos una migaja. Mas yo tomaba aquella lacería que él me daba, la cual en menos de dos bocados era despachada. Después que cerraba el candado y se descuidaba, pensando que yo estaba entendiendo en otras cosas, por un poco de costura, que muchas veces de un lado del fardel descosía y tornaba a coser, sangraba el avariento fardel, sacando, no por tasa pan, más buenos pedazos, torreznos y longaniza. Y así, buscaba conveniente tiempo para rehacer, no la chaza, sino la endiablada falta que el mal ciego me faltaba.
Por un poco de costura, que descosía y tornaba a coser, sangraba pedazos, torrijas y longaniza
Todo lo que podía sisar y hurtar traía en medias blancas, y, cuando le mandaban rezar y le daban blancas, como él carecía de vista, no había el que se la daba amagado con ella, cuando yo la tenía lanzada en la boca y la media aparejada, que, por presto que él echaba la mano, ya iba de mi cambio aniquilada en la mitad del justo precio. Quejábaseme el mal ciego, porque al tiento luego conocía y sentía que no era blanca entera, y decía:
Yo la tenía lanzada en la boca
-¿Qué diablo es esto, que, después que conmigo estás, no me dan sino medias blancas, y de antes una blanca y un maravedí hartas veces me pagaban? En ti debe estar esta desdicha.
También él abreviaba el rezar y la mitad de la oración no acababa, porque me tenía mandado que, en yéndose el que la mandaba rezar, le tirase por cabo del capuz. Yo así lo hacía. Luego él tornaba a dar voces diciendo:
-¿Mandan rezar tal y tal oración? -como suelen decir.

¿Y qué aprende Lázaro?