Tratado Segundo. Cómo Lázaro Se Asentó Con Un Clérigo, Y De Las Cosas Que Con Él Pasó
Fue ángel enviado a mí por la mano de Dios en hábito de calderero.
Pues estando en tal aflicción, cual plega al Señor librar de ella a todo fiel cristiano, y sin saber darme consejo, viéndome ir de mal en peor, un día que el cuitado, ruin y lacerado de mi amo había ido fuera del lugar, llegóse acaso a mi puerta un calderero, el cual yo creo que fue ángel enviado a mí por la mano de Dios en aquel hábito. Preguntóme si tenía algo que adobar.
«En mí teníades bien que hacer, y no haríades poco, si me remediásedes» -dije paso, que no me oyó.
Mas, como no era tiempo de gastarlo en decir gracias, alumbrado por el Espíritu Santo, le dije:
-Tío, una llave de este arcaz he perdido, y temo mi señor me azote. Por vuestra vida, veáis si en ésas que traéis hay alguna que le haga, que yo os lo pagaré.
Comenzó a probar el angélico calderero una y otra de un gran sartal que de ellas traía, y yo ayudarle con mis flacas oraciones. Cuando no me cato, veo en figura de panes, como dicen, la cara de Dios dentro del arcaz, y, abierto, díjele:
-Yo no tengo dineros que daros por la llave; mas tomad de ahí el pago.
Él tomó un bodigo de aquéllos, el que mejor le pareció, y, dándome mi llave, se fue muy contento, dejándome más a mí.
Comenzó a probar el angélico calderero una y otra de un gran sartal que de llaves traía.
Mas no toqué en nada por el presente, porque no fuese la falta sentida, y, aun porque me vi de tanto bien señor, parecióme que la hambre no se me osaba allegar. Vino el mísero de mi amo, y quiso Dios no miró en la oblada que el ángel había llevado.
Y otro día, en saliendo de casa, abro mi paraíso panal y tomo entre las manos y dientes un bodigo y en dos credos le hice invisible, no olvidándoseme el arca abierta. Y comienzo a barrer la casa con mucha alegría, pareciéndome con aquel remedio remediar dende en adelante la triste vida.